“Life is a Runway” – Por Alexis de Anda @alexisdeonda

El mes de la moda vino y se fue como todas las temporadas. Hace tan sólo algunos años era un evento del que nos enterábamos por los posts de los fashion bloggers o las páginas de moda únicamente. Poder estar presentes en los desfiles de Givenchy o Céline  era algo imposible. Hoy en día, gracias a las redes sociales, puedes sentir que estás sentado al lado de Anna Wintour. Puedes ver a las modelos desfilar a milisegundos de tiempo real y observar la locura que sucede alrededor de estos eventos llenos de glamour y extravagancia.

A mí siempre me ha gustado la moda. Desde que veía “Clarissa lo Explica Todo” y las películas vhs de las gemelas Olsen y pensaba “¡Yo quiero vestirme así!”. Lo más cercano que podía encontrar era Ted Kenton, que tenía una línea de ropa para niñas que era idéntica a la ropa de adulto pero en chiquito. Así fue como me hice poseedora de un trajecito sastre verde limón de pantalón acampanado que no me quitaba nunca. Mi momento de gloria era cuando iba a Estados Unidos y podía darme abasto en Limited Too. No existía una sensación igual.

Con el tiempo mis gustos fueron cambiando, no siempre para bien, y pasé por todo tipo de etapas. En algún momento fui la niña más fresa de mi escuela. Usaba tacones para ir a la escuela, una imitación de los botines Manolo Blahnik de J Lo en el video de “Jenny from the Block” pero en colores rosa y azul pastel además del clásico beige. Tenía una bolsa Louis Vuitton original que sólo sacaba en ocasiones muy especiales (como ir a dar la vuelta a Plaza Loreto) y varias bolsas de imitación compradas en las banquetas de Nueva York en los puestos de negros que salen corriendo en cuanto ven llegar a la policía. Luego me volví medio “punketa” y uso este término muy a la ligera porque lo más punk que escuchaba era Green Day. Los estoperoles y las playeras de bandas eran mi uniforme. Siemre he buscado la forma de alterar mi ropa para hacerla distinta. Un día corté unos jeans para hacerlos bermudas. Mis amigas no dejaron de molestarme diciéndome que parecía el chavo del ocho, pero a los seis meses todas estaban usando bermudas. Entonces las dejé de usar.

Siempre tuve un estilo extraño y pocas cosas me divierten tanto como vestirme. La moda es una manera hermosa de expresión y creatividad. Con el tiempo, gracias a Dior, he ido refinando mi ojo y he entendido que formas le van mejor a mi cuerpo. También he refinado mi gusto. Lo malo de esto es que el buen gusto sale caro. Muy caro. Me parece muchísimo más importante tener una personalidad que se sobreponga a la ropa, por supuesto. Creo que la gente como Jimmy Hendrix o Bianca Jagger no necesitaban usar ropa carísima para que todo lo que se pusieran se viera increíble. Aunque seguramente sí usaban ropa carísima. Hoy en día, gracias a este vómito de redes sociales que impulsan a la industria de la moda, la gente se enfoca más en poder poseer cosas caras que en realmente saber usarlas. Se han vuelto maniquís con ropa finísima pero sin personalidad alguna. El estilo es lo más importante. Tener estilo. No por poder ir de compras a Opening Ceremony significa que te vayas a ver bien. El materialismo ha tomado el lugar de la esencia y eso está muy pero muy mal. Creo que la moda es algo que vale la pena apoyar y México tiene diseñadores talentosísimos. Y para poder llegar a estar a la altura de París o Nueva York, necesitamos apoyar a nuestros diseñadores. Pero luego todas parecen copias. En la vida como en la moda, siempre hay que tener algo qué decir. Y si no tienes nada qué decir siempre existirá Zara.