Madre Darwiniana por Christiane de Anda @doniacuca #HelloDF

Madre Darwiniana

Por Christiane de Anda @doniacuca

#HelloDF

Mi papá decía siempre que a todo se acostumbra uno, menos al hambre y tenía razón.

 

Como mamá, te vas dando cuenta de la enorme, gigantesca capacidad de adaptación que tenemos los seres humanos ante la vida; pero eso no quita la ansiedad que enfrentamos ante tales cambios y los miedos que nos la producen.

 

Cuando estaba embarazada de mi primer bebé, me pasé nueve meses mordiéndome el labio, muerta de miedo por ese serecito que crecía dentro de mí: ¿cómo era posible que pudiera yo amar a alguien más de lo que amaba a mi marido? No podía concebir en qué lugar del corazón me iba caber. Planeé hasta que me cansé. Dicen por ahí que mujer preparada vale por dos, yo digo que por diez, pero aún así, nadie me preparó para el absoluto enamoramiento que sufrí cuando conocí a mi nenita. Ahora si, nunca había amado tanto a nadie. Y por los siguientes tres meses nunca había amado tanto a nadie sin dormir. Cuando tienes hijos no vuelves a dormir. Nunca.

 

Y todo ese tiempo ahí esta el miedo; un maestro mío lo llamaba el chango en el hombro. El chango burlón que te dice que no puedes, que no vas a lograrlo, que no lo estas haciendo lo suficientemente bien. Yo también creo que ese chango es el ego. Ese es el chango que hay que matar. Porque si puedes. Siempre puedes. Siempre que sigas tratando, puedes.

 

Todo se puede. Cuando tu cuerpo ya no puede mas, agarra un segundo aire y retoma fuerzas y si es necesario, con amor de por medio, lo haces sin dormir, cruda, rota y de mal humor. Te levantas y lo haces. Porque no existe razón mas fuerte que el amor de mamá. Y por tus hijos, lo que sea. Y si te equivocas, no pasa nada. Vuelves a tratar.

 

Cuando estaba embarazada de mi segundo bebé, el mismo chango me trató de seducir con sus mentiras los nueve meses que lo cargué: -Pero todo va a cambiar…– me decía el chango, –ya no vas a ser tu sola con tu nenita… ese bebito nuevo va a sacar de balance a toda tu familia.. muajajaja!— ¡Cállate chango maldito! Por supuesto que todo va a cambiar, pero cállate canijo, que va a cambiar para bien.

 

Por supuesto que todo es diferente y como en todo existió un periodo de ajuste… hubo un mes del demonio en que mi hija no me quería ver ni en pintura, no quería que la besara, que la acompañara, que la cambiara… mamá no! Quiero a papá! O A la nana! O al perro! Pero mamá no!… Lloré todas las noches, hasta que un día se le pasó. Así, de la noche a la mañana, me amaba otra vez.

 

Una amiga me preguntó cuál es la diferencia entre tener un hijo y tener dos… le contesté que lo mismo pero todo con una sola mano, lo cual fue medio cierto, hasta que la semana pasada me rompí la muñeca por una burrada –-bueno, los ligamentos, que es lo mismo, me deja sin una mano y con dos bebés—y ahora si, a hacer todo con una mano.

 

Entre en pánico, hasta que dos días después me di cuenta de que ya había aprendido a hacer todo con una mano. En este momento estoy con mi bebé pegado a la chichi, escribiendo una columna y aplaudiéndole a mi hija las trastadas que hace para hacerme reír. Con una mano. No me preguntes cómo.

 

Es muy estresante ser mamá, constantemente el chango te cuestiona qué estas haciendo mal y a veces el pago emocional es demasiado alto. Una gripa que ataque a tu nene y todo el balance se fue al carambas por meses, una desvelada por una cenita y el horario valió violín por semanas.

 

Escoger es renunciar y por el bienestar de tus hijos casi siempre renuncias a todo lo demás, cuando el secreto de manejar esa ansiedad está ahí: como cuidas a tus hijos, así cuídate a ti también.

 

Escucha a tu cuerpo: si necesitas descansar, tírate en el piso con la panza al sol y juega con tus hijos en el pasto… o la alfombra, da igual. Come bien, toma té verde, haz ejercicio. Nada me controla los ataques de pánico que de repente el chango me provoca, como levantarme todas las mañanas y sudar un poquito, medita, haz yoga, date un baño cuando lo necesites. Habla con tu pareja o con quién te apoye, una amiga, para que te regalen 45 minutos de vapor, agua caliente, burbujas, un libro y los patitos de tus hijos, sola.

 

Sabes que eres mamá cuando todo lo que pides en la vida es tiempo para ti sola y en cuanto lo tienes solo puedes pensar en cuanto extrañas a tus hijos, lo sé, pero regálate esos ratitos. Ya que ir al baño sola esta fuera de cuestión, como todas lo sabemos, apártate ratitos para apapacharte y espantar al chango. Tente paciencia, nadie es perfecto, pero al final, el 95% de las veces, tus hijos recuerdan que intentaste, que ahí estuviste, que no renunciaste.