Alejandro G. Iñárritu por Naomi Palovits (Hello DF) @naomipalovits @NewsweekEspanol #Oscar

Todo el mundo quisiera hablar estos días con Alejandro González Iñárritu. No todo el mundo puede. Una amistad surgida al amparo de los micrófonos y cabinas de WFM, la estación que el Negro dirigiese durante la segunda mitad de la década de 1980, fue el salvoconducto para esta entrevista, una de las pocas que el cineasta ha concedido en las últimas semanas y, probablemente, la más íntima. En exclusiva para Newsweek en Español, esto fue lo que González Iñárritu nos dijo.

Por: Naomi Palovits @naomipalovits

16 Feb 2015

Alejandro González Iñárritu, el Negro para sus amigos, se halla estos días en Calgary, una ciudad ubicada entre colinas y altiplanicies, filmando la que será su próxima cinta, The Revenant, en la que dirige a Leonardo DiCaprio y Tom Hardy, y en la que vuelve a trabajar con Emmanuel Lubezki, el Chivo. Lleva ahí algo más de seis meses y todavía le faltan tres más. Apenas ha podido escapar de ese sitio para asistir a algunas de las ceremonias de premiación en las que Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia) ha resultado premiada.

Y tendrá que hacerlo al menos una vez más, el próximo domingo 22 de febrero, para asistir a la 87ª entrega de los premios Oscar, a celebrarse en el Teatro Dolby de Hollywood, pues Birdman está nominada en nueve categorías, a saber: mejor película, mejor director, mejor guion escrito para cine, mejor actor, mejor actor de reparto, mejor actriz de reparto, mejor cinematografía, mejor mezcla de sonido y mejor edición sonora.

Las probabilidades indican que la película de Iñárritu tendría que llevarse algunos premios, entre ellos al menos uno de los dos más codiciados: mejor director y mejor película.

Pero el Negro no se hace ilusiones, tampoco pierde el sueño, aunque ello no significa que no desee ganar. “En todas mis películas siempre he tenido alguna nominación, desdeAmores perros a21 gramos, o estaba yo nominado o había actores nominados, así que ya estoy acostumbrado a ser un extraordinario perdedor”, confiesa vía telefónica desde Calgary, en Alberta, Canadá, el lugar donde concede a Newsweek en Español una entrevista que se verá interrumpida varias veces por la mañana por causa de las condiciones climáticas, y que habrá de culminar entrada la noche.

Alejandro debuta como director con la cinta “Amores Perros” el año 2000, convirtiéndose con ella en el primer cineasta nacido en México en ganar el premio al mejor director en el Festival de Cannes. Tres años más tarde estrena 21 gramos, con Sean Penn, Benicio del Toro y Naomi Watts, y en el 2006, con Babel, protagonizada por Brad Pitt y Cate Blanchet, concluye con la trilogía (y también con la amistad) que realizó junto al escritor Guillermo Arriaga, amén de volverse el primer cineasta mexicano en ser nominado al Oscar en la categoría de mejor director.

En 2010 Iñárritu toma por completo el control creativo de su siguiente cinta, “Biutiful”, la cual protagoniza el actor español Javier Bardem. Por obvias razones constituye su cinta más personal; en ella se perciben las obsesiones del “Negro”, al punto de que algunos críticos la califican como un “drama pornográfico” en la medida en que hurga en las heridas de un hombre moribundo. Sin embargo, también se advierte la mano de un hombre que intenta explorar en el arte cinematográfico hasta llegar a sus últimas consecuencias.

Tres años más tarde estrena Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia), una película plena de humor negro que, en contraste, a la manera de un diálogo interior faulkneriano, explora, en el espíritu, el ego y el alma de un actor venido a menos, al tiempo que fustiga sin piedad al Hollywood que paradójica y muy probablemente habrá de premiarlo. Pero no todo es tragedia: la historia de Birdman, sujeta a múltiples interpretaciones y apegada a la realidad del director en más de un sentido, al final emerge como una película liberadora.

En medio de sus ensoñaciones y obsesiones creativas, Iñárritu nos dedica un tiempo para retomar una conversación pausada por el tiempo y la distancia. Hablamos del antes y el después de Birdman.

—¿De dónde surge la idea que da vida a Birdman?

—La idea proviene de mi propia exploración y de los propios mecanismos del ego: de cómo funciona esa voz interna que muchas veces es muy dictatorial, como en mi caso, que es absolutamente inflexible, demandante y eternamente insatisfecha.

—¿Tu voz interna siempre ha sido exigente?

—Sí, siempre ha sido así, siempre ha sido muy crítica. El ego tiene esa capacidad destructiva, pero gracias a la meditación, he podido, por lo menos, identificarlo, observarlo. De esa observación surge la idea de llevar a cabo una película que tuviera como centro ese personaje dictador detrás de esa persona. Me costó mucho trabajo encontrar la forma, pero el concepto ya lo tenía.

—¿En cuánto tiempo rodaste la película?

—Desde hace cuatro o cinco años que Birdman se empezó a gestar, pero empecé a rodar en abril de 2013, la filmé en 29 días, fue una filmación muy corta, pues es una película donde todo es al revés, es decir, lo que normalmente resuelves en postproducción —durante meses o en un año de decisiones posteriores—, todas esas decisiones las tienes que tomar en anticipado, todas, pues no hay forma de alterar, digamos, el tiempo o el espacio y poder adulterar absolutamente nada. Es decir, es un performance en vivo que vas a hacer una sola y única vez, entonces tienes que saber todo por anticipado, por lo que sí fue un proceso muy largo y meticuloso, sobre todo de mucha precisión para poder responder todas las preguntas antes de los ensayos.

—En la trilogía Amores perros, 21 gramos, Babel trabajas con una estructura fragmentada, en Biutiful utilizas una estructura lineal, pero en Birdman abordas una narrativa sin cortes, ¿cómo decidiste tomar ese camino?

—Creo que ya había explorado lo suficiente toda esa parte que es la yuxtaposición del tiempo y del espacio, que es la sangre, el pulso del cine, o lo que define al del cine, y esta idea de estar dentro de la cabeza, o dentro de un punto de vista radical del personaje, pensé que era la mejor forma. Últimamente se ha olvidado mucho en el cine la gramática visual, y la gramática visual es tan importante como el contenido. La sinapsis de dos escenas es otra idea, que es aun mayor: uno más uno son tres, eso es lo que brinda el lenguaje y ese lenguaje esta allí para todos y quien lo utiliza mejor es quien mejor y más claramente se comunica.

—¿Qué le aporta esa gramática visual a Riggan Thompson, en este caso?

—Yo siempre entendí que esta gramática, esta forma de usar el lenguaje, sería una extensión del estado emocional de este personaje, por ello creo que la forma fue tan poderosa como el fondo, porque el resultado es muy distinto a que si lo hubiera filmado de manera fragmentada, es decir, en la forma convencional. Lo hice no solo porque me excitaba explorar esa gramática como un reto artístico, también porque sabía que tenía una gran posibilidad de fallar, pero si llegaba a lograrlo, había una posibilidad de realmente encontrar algo interesante, fresco y fuerte.

—Me imagino que la colaboración de todo el equipo fue esencial durante el rodaje de Birdman, como en una orquesta en la que todos aportan…

—Sí, realmente aquí todo el mundo fue participante en el momento, porque cuando estás filmando una película convencional estás dividiendo todo en pedazos y cada pedacito tiene un universo muy controlado: el close up, el medium shot, el full shot; pero cuando estás haciendo un plano secuencia de tanto tiempo, todo el mundo, desde el que maneja el audio hasta el que abre la puerta para que entre la cámara y pueda hacer un 360 grados, todos los involucrados están de alguna forma participando y tocando en vivo, o sea hay una participación mucho más viva que si fuese en pedacitos; la actuación no es solamente de los actores, sino también de todo el crew; es mucho más intenso.

—Michael Keaton dice que Riggan Thompson es uno de sus papeles favoritos; sin duda, es el mejor de su carrera. ¿Cómo fue su reacción al leer el guion y toparse con una obvia referencia?

—Pues al principio sí me preguntó si se trataba de una burla… bueno, lo dijo de broma, pero le expliqué de qué se trataba y le quedó claro que para mí no era interesante una cuestión personal o biográfica. Evidentemente había una referencia, una meta-realidad, pero había otras razones por las que yo quería que Keaton estuviera en la película, especialmente por esa capacidad histriónica de hacer comedia y drama.

—Durante los ensayos Edward Norton corregía el guión, tal como lo hace su personaje en Birdman, ¿qué tanta libertad le das a un actor para que intervenga en la historia?

—En el caso de Birdman, cuando llegaron los actores todo ya estaba decidido, así que la libertad fue muy reducida, te digo que ya había resuelto con mucha anticipación todo, la puesta en escena y la puesta de cámara, pero fuera de eso, los buenos actores brindan buenas ideas, ellos no están pensando en su personaje, sino en la historia, y las propuestas de Norton y las aportaciones que brinda cada uno de los actores son muy importantes y maravillosas.

—Comparando Birdman con el resto de tu filmografía, me parece que con esta última diste un salto cuántico, tanto en técnica como en narrativa, ¿sientes que Birdman marca una nueva etapa en tu carrera?

—Sí. Cada película, de alguna forma, es una huella de mi evolución, es parte de mi desarrollo y de mi forma, y yo creo que vas creciendo como ser humano, el cine es una forma de crecimiento espiritual. A mí, el haber hecho Birdman me liberó, sobre todo de cosas que ya sabía. Dicen que lo mejor para aprender es dejar de saber lo que ya sabías y creo que para mí fue eso: borrar las huellas, desaprender todas las reglas y convencionalismos que ya había aprendido y que ya me habían aburrido e intentar algo diferente. Y sí, para mí hacer cine antes y después de Birdman es otra cosa: yo como cineasta siento hoy que hemos abusado demasiado de la yuxtaposición, de la edición innecesariamente… es buena, pero siento que hemos abusado, yo he abusado… para mí como cineasta yo no podría volver a hacer cine de la misma forma que después de hacer Birdman.

—Hablas de un crecimiento espiritual y hace un momento mencionaste la meditación…

—Sí, me gusta mucho meditar, para mí es una forma de mantenerme en un balance, en un centro, y es muy sencillo, es simplemente darme el tiempo para estar consciente, observando, nada más. Es prácticamente lo que es la meditación: la observación de nuestros pensamientos y sentimientos, y la meditación abre la posibilidad de estar un poco más presente o consciente en la vida de uno mismo, y no nada más estar operando con sentimientos y pensamientos que a veces pueden ser muy caóticos y que finalmente no te hacen consciente de lo que pasa alrededor.

—¿Lo haces con frecuencia?

—Sí, trato de tener una disciplina ya que me ayuda, es una isla para mí, y me ayuda mucho. Lo hago a diario, es tan esencial como comer, me gusta mucho.

—Es la primera vez que trabajas con el Chivo Lubezki en un largometraje…

—Habíamos trabajado en comerciales hace 20 años, somos amigos desde entonces. En 2007 hicimos un cortometraje para Cannes que se llama Anna, es un homenaje al cine en un plano secuencia; luego hicimos un par de comerciales muy grandes, como el comercial de Nike que ganó la Palma de Oro en Cannes. Habíamos viajado y filmado muchas veces, pero nunca habíamos trabajado en un largo y es un placer: el Chivo es un genio, un artista.

—Al final de Birdman me vino a la mente una canción que tú ponías mucho en tu programa de radio, More Than This, de Roxy Music, y pensé: “Ese hombre es ‘tan libre como un pájaro’, en su camino aprendió algo y llegó hasta donde tenía que llegar”… Me pareció un momento liberador, pero sé que hay distintas interpretaciones y esa es la mía. Como autor, ¿qué me dices del final?

—Yo creo que debe haber tantos finales como asientos en un cine, la verdad. No creo que haya un solo final, pues el final depende de la gente, de quien lo ve. A mí me gustan los finales ambiguos, donde no hay un final radical ni único, porque la vida no tiene un final. En realidad cada acto depende de donde lo veas, no hay un statement. Además no quiero decir lo que yo pienso porque… bueno, a veces cambio de parecer, a veces pienso que hice una cosa y a veces pienso que hice otra, depende del estado de ánimo en el que me encuentre. La gente que la ha visto varias veces me cuenta que también su percepción cambia cada vez que la ven, se dan cuenta de otra serie de detalles y se abre otra posibilidad de la interpretación y eso es lo bonito, que la obra se mantenga viva.

—Hablemos de la música en tus películas, ¿quiénes son tus colaboradores?

—La música es una de las cosas en las que me involucro mucho y es importante mencionar a Gustavo Santaolalla, que siempre ha sido uno de los colaboradores con quien disfruto mucho trabajar. Pero cada película ha sido distinta y lo que hice con Birdman fue encerrarme en el estudio con Antonio Sánchez, un músico amigo mío, a quien le explicaba el objetivo y a partir de ello grabamos una serie de improvisaciones de batería que luego utilicé en el set y después en el ensamble de la película, esto me ayudó mucho a encontrar el ritmo interno.

—¿Era como tu pauta?

—Exacto, la batería fue una especie de metrónomo, la palpitación del corazón de los personajes. Yo sabía que la batería me iba a ayudar a que la audiencia fluyera con el ritmo interno de la película y eso me pareció que era padre, que era la columna vertebral de la musicalización.

—Tú también eres músico y compositor, ¿tocas la batería?

—Yo toqué la batería un par de años en una banda, pero la dejé, aunque me gusta mucho, me encanta. Yo siempre he dicho que el ritmo es dios en el arte: si no tienes ritmo no puedes hacer arte, punto. No hay forma. Puedes ser un genio, puedes tener grandes conceptos, grandes ideas, pero si no tienes ritmo, no puedes ejecutar un carajo; o sea, no puedes bailar, no puedes pintar, no puedes hacer música, no puedes hacer arquitectura. Es como cuando una alemana baila mambo o un japonés toca flamenco igualito al gitano… pero el gitano tiene algo.

—¡El duende!

—¡El duende, exacto! El ritmo tiene un orden y ese orden es un balance, ese balance tiene una gracia y esa gracia es todo, o sea, es todo un lenguaje que, además, nadie te lo enseña y eso es algo muy curioso: puede haber tipos talentosos con una gran capacidad, pero que no transmiten, y esa es la falta de ritmo.

—Siempre has puesto extrema atención al diseño de audio…

—Cuando estoy desarrollando, escribiendo y preproduciendo, siempre estoy escuchando música, y esa música, de alguna forma, siempre acaba siendo importante en el espíritu de la película. Me gusta mucho diseñar el audio por anticipado, saber que el audio tomará un papel importante.

—Tu forma de hacer radio fue altamente provocadora, y bastante cinematográfica también. Gracias a lo que hizo WFM, la creatividad y la imaginación se convirtieron en los atributos más valuados para cualquier joven de esa generación… ¿extrañas algo de esa época?

—La verdad es que al radio le tengo un gran cariño, fue mi primer trabajo cuando éramos una bola de escuincles de 20 años que hacíamos lo que queríamos, cuando queríamos, y con el micrófono abierto, intentar y fallar hasta lograr algo interesante y aprender de eso; eso es lo que hacíamos. WFM me parece que fue una belleza de oportunidad, de esas que se dan una en un millón, es decir, que te den tres horas de programa para que pongas lo que quieras, que digas las estupideces que quieras. Y como dices, poder provocar y comunicar es una belleza de oportunidad. Tener un auditorio de tres horas requiere de imaginación, precisamente, y no era solo música: tú te acuerdas, era lo que pasaba entre canciones, todas esas cosas que yo escribía y que Martín Hernández producía, como mencionas, eran muy cinematográficas, muy atrevidas y muy novedosas. Lo recuerdo con mucho cariño, pero también es verdad que, al final, luego de cinco años, ya me sentía bastante ridículo haciendo lo mismo todos los días y quería hacer otras cosas.

—En estos momentos estás en plena filmación de tu próxima película con Leonardo DiCaprio en Calgary, estamos a una semana de la entrega de los premios Oscar, donde Birdman figura con nueve nominaciones, incluyendo la de mejor película y mejor director y tú estás muy tranquilo, ¿cómo te sientes?

—La verdad es que, por una u otra razón, en todas mis películas siempre he tenido alguna nominación, desde Amores perros a 21 gramos, o estaba yo nominado o había actores nominados, así que ya estoy acostumbrado a ser un extraordinario perdedor. La verdad es que tengo muy bajas expectativas y una muy grande serenidad, y eso te lo da también la madurez y el tiempo. Al principio me alteraba, pero ya no. Y no quiero decir que no me importe, es bonito estar nominado.

—¿Qué representa para ti un premio como el que está en juego?

—Detrás de toda esa frivolidad y lo absurdo que son todos estos premios, porque esa es la verdad, detrás de eso también se refleja el reconocimiento de los colegas y la resonancia mundial de la película, todas esas cosas son muy positivas y se agradecen mucho, son muy divertidas, pero en el fondo sé que son decisiones que no garantizan una lógica y no garantizan calidad, es una ruleta rusa que, además, no hará la película ni mejor ni peor; así que manteniendo una perspectiva sana, creo que he aprendido más a disfrutar los premios. Lo que te quiero decir es que no tengo necesidad de ganarlos, tampoco el deseo de ganar es desproporcionado, es decir, que la desilusión, si es que no lo gano, no es grave, la verdad es que he aprendido a tomar las cosas como son. Por supuesto, claro que lo agradezco, pero de ninguna forma tengo una obsesión por eso y tengo una gran ventaja este año: he estado seis meses filmando esta película y me quedan tres, y la verdad es que no me da tiempo de pensar en nada, nunca he hecho menos por una película que por Birdman. Con Birdman ha sido un constante flujo de alegría quizá porque tiene una energía muy positiva y toda la gente involucrada fue la mejor, sin haber hecho casi nada de campaña: no he podido hacer entrevistas, he hecho muy poco comparado con lo que hice en otras películas, pero por sí sola, Birdman ha manejado una serie de premios y nominaciones, lo cual es increíble. Y no he podido hacer nada porque estoy filmando todos los días al otro lado de la montaña, y eso me ha mantenido muy sano con el ego.

—¿Qué te deja Birdman?

—Para mí ha sido una película que, como dices tú, es una liberación, es una cosa “pajarresca”, sí, son alas, sí veo que hay un antes y después de Birdman.El haber intentado algo tan suicida como no tener tiempo ni espacio en una película, pues me parece que tuvo un pay offmuy padre, vaya, hay una cosa que siento: que la gente se conecta… ¿Sabes qué pasa? El cine se ha convertido ya, como sabemos, en una comodidad y un producto de entretenimiento ya muy diseñado, y se ha creado una artificialidad: la gente sabe ya, cuando llega está predispuesta, ya sabe perfectamente estas cosas, pero cuando rompes los paradigmas del lenguaje es otra cosa, y esta película tiene el poder del lenguaje. Sí me parece sorprendente que una película que no tenga cortes, que no se vean las escenas, haya tenido tanta resonancia, eso me llena de orgullo por un lado; por otro, qué padre que el lenguaje todavía tiene su poder entre la gente, eso es padre, la verdad. Los grandes escritores utilizan las mismas palabras, pero las articulan diferente, eso me parece que tiene una posibilidad de inspirar a otros chavos a explorar otras formas del lenguaje, no nada más estas, sino otras. Y el maestro en eso es Jean-Luc Godard, esta película le debe mucho a Godard, le debe mucho a Max Ophüls, le debe mucho a Billy Wilder… creo que hay muchos maestros que exploraron cada nota del lenguaje.

—¿Qué podemos esperar de la dirección de The Revenant, a qué le apuestas esta vez?

—Es una película en la que llevo trabajando tres años, con una meticulosidad, también, muy grande. Con el Chivo, otra vez. Estoy explorando cosas aprendidas, es una película que comencé a trabajar antes de Birdman, pero evidentemente estoy aplicando algunas cosas, es de otro género, de otra naturaleza, pero evidentemente hay cosas que aprendí de Birdman que son para mí invaluables, para mi experiencia y mi forma de comunicar como director, y que estoy también experimentando. Ve tú a saber si van a funcionar. Ya la verás.

 

Fuente: http://nwnoticias.com/#!/noticias/estoy-acostumbrado-a-ser-un-extraordinario-perdedor

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