José Álvarez, director de Flores en el Desierto – Entrevista por @naomipaovits #Mexico #Huicholes @josesantosxx

José Álvarez por Naomi Palovits

 

Junto con Alejandro González Iñárritu y Olallo Rubio, José Álvarez se suma a la lista de los cineastas mexicanos que inician su carrera en la radio. Sin embargo, a diferencia de sus colegas, Álvarez optó por el camino del documental.

Al mando de la legendaria estación de radio Radioactivo 98.5 FM durante once años (1992-2003), José Álvarez es una de las personas que mas entienden de radio, así como también de nuevos medios en México: fue Radioactivo quien lanzó la primera estación de radio en línea en Latinoamérica y le dio luz a una nueva forma de comunicación.

En Flores en el Desierto (2009), el documentalista y su crew, conformado por Pedro González Rubio y Fernanda Romandia en la cámara, nos llevan por un paseo con los huicholes. Mientras que Canícula (2011), título que hace referencia a los cuarenta días mas calientes del año, nos acerca a los voladores de Papantla y a las mujeres alfareras en Tajín, Veracruz, donde el fotógrafo Sebastian Hoffman se une para formar parte de la tribu dirigida por José Álvarez para adentrarse en el México profundo y retratar la vida de los pueblos menos escuchados.

– ¿Cómo fue que saltaste de la radio al cine?

La Radio y el Cine son disciplinas muy similares en cuanto a los procesos creativos y de producción: trabajas en conceptos humanos, críticos, se requiere la observancia y, al final, la exposición pública. Además, ambos procesos tienen como finalidad, comunicar. Cuando se vendió el grupo de medios en el que trabajé durante casi 13 años pensé que era el momento de dar el salto de la radio al cine. Siempre me gustó mucho la música, su difusión, los conciertos, el rock, el humor crítico, pero también el cine. Ahora hago la segunda.

– Háblanos de tu primera experiencia detrás de la cámara 

En 1996 dirigí mi primer documental durante la post guerra en Sarajevo, aun trabajando en la radio. Este se llama El Silencio de Sarajevo y fue una experiencia muy enriquecedora, aunque complicada. Trabajar con un equipo de profesionales sin yo serlo aun, me dio una formación poco ortodoxa, pero me señaló un camino que marcaría mi futuro.

– ¿Y porqué el documental como género?

En México hay muchas buenas historias, buenos personajes, locaciones maravillosas y buenos fotógrafos. Con un poco de esfuerzo y sentido común, puedes llegar a hacer con estos elementos esenciales de la cinematografía una película documental, te conviertes en un testigo y debes pretender no alterar ni con tu presencia lo que sucede naturalmente, si lo logras, entonces puedes documentar visualmente.

– ¿Qué tan complejo puede ser realizar un documental?

Pienso que es un género que requiere de mucha responsabilidad, que tiene que hacerse desde la realidad tal como es, honesto, verdadero, humano, en ciertos casos, confrontativo. Y las herramientas que nos brinda hoy la tecnología permiten hacer trabajos muy completos por la calidad que se consigue.

– ¿Qué piensas del cine en México hoy en día?

Hoy en México, sin duda, el buen cine es el documental. Existen sus muy respetables excepciones en la ficción, pero son contadas. Sin embargo, el documental ha crecido de manera muy significativa: es reconocido en todo el mundo que hoy en día el genero documental mexicano de buena calidad.

– ¿Alguna vez pensaste en hacer ficción?

Creo que la ficción es para los grandes maestros. La recreación de la realidad amerita tener un talento para muchas etapas de la realización que, quién la hace, debe de ser muy sensible y muy auto-crítico. Me parece complicado recrear la realidad y hacerla creíble, muy pocos lo logran. Sin embargo, posiblemente, en algún momento, pueda intentar hacer una ficción. Me gusta mucho ver el cine de ficción y sería muy interesante intentarlo y lograrlo, no por eso pienso que uno tenga mayor valor que el otro, al contrario, me parece que son muy similares en muchos sentidos.

– Venus, es un retrato de la fe, a partir de una perspectiva poco común…

Fue mi primer trabajo fílmico fuera de la radio, mi primera experiencia con un grupo indígena localizado en el estado de Morelos. “Venus” es un cortometraje documental ficcionado o como le llaman también, un “falso documental”, de 20 minutos. Venus retrata una práctica de la fe católica conocida como mayordomía en la que el mayordomo de la parroquia del pueblo saca de la propia capilla a la patrona del pueblo para que los fieles le recen, le pidan y le agradezcan en la propia casa del mayordomo. La cámara la colocamos en una especia de tercer ojo de la santa patrona (en este caso era María Magdalena) y filmamos más de 200 retratos de los fieles acercándose a ella y haciéndole su plegaria. Todo el cortometraje es la mirada subjetiva de María magdalena  y por la misma razón ella nunca se ve. Como espectador te conviertes en la propia patrona. Recibió algunos reconocimientos internacionales y me abrió paso a mi siguiente proyecto.

– ¿Cómo surge la idea de filmar Flores en el Desierto? 

Me invitó a dirigirlo Hugh Fitzsimons (productor de la película), a quien conocí presentando “Venus” en el Festival de Telluride, en E.U. Después de ver “Venus” me dijo que hiciéramos una película para los huicholes. Desde la primera vez que conocí a los huicholes o Wixárikas en el desierto, cuando estaban de peregrinación, tuve el deseo de filmarlos. Es un pueblo que tiene una cosmogonía muy amplia y compleja. El rodaje duro dos años en distintos viajes a su comunidad en la Sierra Occidental; al desierto de Wirikuta en San Luis Potosí; a la playa de San Blas en Nayarit, al lago de Chapala y en el D.F. Todos estos viajes fueron marcados por sus ceremonias y fiestas, que obedecen a un calendario agrícola para pedir y agradecerle a la madre tierra y a sus deidades todos los beneficios que nos brindan a toda la humanidad. Es claro que siempre piden y agradecen por todos. La parte más difícil fue la edición, teníamos casi 100 horas de material y era importante no repetir lo que antes ya se había hecho y, sobre todo, encontrar una línea de orden para tan complicados eventos. Al final decidí con el editor mostrar lo que surgió de la íntima relación que tuvimos con el grupo que trabajamos durante estos dos años y pensamos que esto nos serviría para contar lo que sucede entre ellos.

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– ¿Qué es lo que vemos en Flores en el Desierto?

Lo que se ve en “Flores en el Desierto” son partes importantes de su ruta sagrada que hacen de Norte a Sur y de Este a Oeste por el territorio mexicano. Sin ser rigurosamente antropológico, la película te acerca a su cultura, a sus costumbres, a su sabiduría -especialmente la que arrojan sus sueños- y la comunicación con sus deidades y la relación que tienen con su planta sagrada, que es el Hikuri o Peyote. La aparición que tiene la muerte humana en la película a través de un suceso real es impactante por sucederle a un personaje (Marcela), que aparece en la propia película.

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– ¿Qué aprendiste de esta experiencia con los huicholes?

A mirar con atención y respeto las costumbres del México profundo. A aprender muchas lecciones de la existencia de una vida espiritual que se comparte con absoluta naturalidad con la vida diaria y que busca el bienestar de todo el planeta.

– ¿Cómo surge Canícula?

A partir de la invitación que me hace Clara Vega y Mauricio Fabre de documentar el trabajo de un grupo de alfareras totonacas cerca de la zona sagrada de El Tajín en Veracruz. En el camino de filmar a este grupo maravilloso de artistas se cruzaron muchas historias, entre ellas la de una escuela de niños voladores internada en la selva tropical veracruzana. La belleza humana y de la propia naturaleza fueron la inspiración de este trabajo. La cámara fue adecuándose con los días y nosotros nos fuimos haciendo como instrumentos de ellos para, de forma orgánica, contar su día a día. Hay que recordar que tanto las mujeres alfareras como los danzantes voladores son artistas y eso hace que la película persiga la belleza casi como objetivo.

– ¿Cómo logras ganarte la confianza de los individuos de las comunidades que documentas? En Flores del Desierto, los huicholes te sitúan dentro de la historia, ellos saben que estás allí y te utilizan como un instrumento para dejar un registro, te quieren contar la verdad. ¿Qué significa esto para ti?

Tanto en “Flores en el desierto”, como en “Canícula”,  ellos han estado interesados en hacer las películas, eso ayuda mucho la relación. Hay que ser muy respetuosos de sus costumbres y hay que saber guardar cierta distancia y cierta cercanía. Ambas culturas tienen mucho que decir, mucho que aportar y mucho que compartir, les interesa vivir en un mundo más justo, más apegado a la tierra, a la naturaleza y ellos saben como, así han logrado sobrevivir por miles de años.

La curiosidad, la prudencia y el respeto permiten casi siempre que se abran las puertas y los corazones, pero hay que mostrar la honestidad de los objetivos que se tienen. No siempre es fácil entrar en la intimidad con estas culturas, son herméticas y saben que por eso se han preservado.

– ¿Cuál es tu mayor reto a la hora de contar una historia? 

Que aporte. Que realmente genere un encuentro. Que se rompan fronteras entre lo que muestra la película y el espectador. Que sientan los espectadores la realidad, la cercanía, la similitud, pero que también sientan la distancia.

– ¿Qué significa para ti el que valoren tu trabajo en tierras tan lejanas a la nuestra?

En el extranjero hay mucho interés por conocer nuestro país. Encuentran mundos que los asombran, que los maravillan, que los sacan por unos minutos de sus mundos relativamente acomodados y les generan muchas reflexiones y asombro. Mueven fibras espirituales de referencia sobre todo al mundo judío-cristiano, encuentran muchos sincretismos y referencias. Aprecian mucho el colorido, la música y el pensamiento humano de estas culturas lejanas para ellos.

 

Entrevista por Naomi Palovits para la revista Negocios/Promexico

http://negocios.promexico.gob.mx/english/10-2012/lifestyleFigures/art01.html

 

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