“La peor droga de todas” Por Alexis de Anda @alexisdeonda #México

“And in the end, we were all just humans… drunk on the idea that love, only love, could heal our brokenness.”

– F. Scott Fitzgerald

Hace años mi hermana tenía un novio que no le hacía nada bien. Era un chico adorable y todos lo queríamos pero los que veíamos esa relación desde afuera sabíamos que se estaban haciendo daño, que él no era la persona con la que ella tenía que estar. Le costó años darse cuenta de esto y le costó aún más poder superarlo. Pero lo hizo. Se levantó del piso y salió adelante. Y ahora está a punto de casarse con un hombre que la ama y la cuida. Alguien que la motiva a ser mejor, a ser mejores juntos. Y desde hace años no la he visto llorar de la forma en la que la veía llorar antes.

Mi hermana mayor sabe. Ella me lo dijo “Él es el amor de tu vida, siempre lo va a ser, pero no es el hombre para ti”. Me lo dijo con la claridad que sólo un hermano mayor puede tener y yo no quise hacerle caso. Porque no me gusta que me digan qué hacer. Por necia y por ciega. Pero las cosas siempre caen por su propio peso.

Es muy difícil darse cuenta de que estás en una relación destructiva a pesar de que todo te lo diga a gritos. Porque el amor es la peor droga de todas. Y nos aferramos a este ideal que no encaja para nada con la realidad. Es enfermo y está mal. ¿Por qué lastimamos a los que amamos más? ¿Por qué nos lastimamos a nosotros mismos de esa manera? Porque es una adicción. Y como cualquier droga te hace sentir en el cielo durante un rato y luego te empieza a hacer daño, se empiezan a hacer daño el uno al otro. Y entonces juras dejarlo, lo juras por tu bien. Guardas sus fotos pero no las rompes. No lo buscas pero siempre está ahí en todo lo que ves y en todo lo que oyes. Juras que es la última vez y que nunca más vas a sentir ese dolor. Pero es una droga. Y vuelves a caer y la recaída es mucho más intensa y el amor es mucho más grande. Pero el dolor también. Y cuando la adicción es tan grande es muy difícil ponerle un fin. Pero hay que ponerle un fin. A todo lo que te hace daño hay que ponerle un fin.

Todo el amor no justifica todo el dolor. Nada justifica el dolor. Nada debería de doler tanto. Hay que saber cuándo decir “adiós”, pero cuando eres un adicto ese “adiós” no es para siempre. Ese “adiós” dura un par de semanas, un par de meses. Ese “adiós” se justifica para que no tenga que ser para siempre. Para poder volver a sentirte en el cielo aunque sea por un momento aunque se esté llevando todo lo que queda de ti. Hay que ponerle un fin.

Adiós.

Adiós.

Adiós.

Adiós.

Tendrá que ser un día a la vez y así será.

Adiós.

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