“Hoy no sé de qué escribir” por Alexis de Anda @alexisdeonda

HOY NO SÉ DE QUÉ ESCRIBIR

Hoy me desperté cruda, muy cruda, con la boca tan seca que parecía que me había comido un puñado de arena y con un sabor en el paladar como si hubiera usado mi boca de monedero la noche anterior. No había agua en mi casa porque a veces me da flojera echarle ganas a vivir. Tuve que darle unos tragos a una cerveza tibia. Me desperté en el sillón de mi sala con la ropa del día anterior todavía puesta y mis gatos acurrucados en el cuello y las piernas. Desperté con la ligera sensación de que iba a ser un rudo amanecer mientras los flashbacks de mí misma llorando en una banqueta mientras mi ex novio intentaba consolarme empezaban a pasar por mi adolorida cabeza. Me gustaría pensar que es el punto más bajo al que voy a llegar en mi vida pero todos sabemos que eso no es cierto.

Pero así es la vida. Hay días buenos y días malos y así consecutivamente hasta que te mueres. Tengo la suerte de que la mayoría de los días sean buenos. Cuando siento que mi vida es una mierda me entra esa clásica culpa clasemediera. “¡Pero si hay niños muriéndose de SIDA y de hambre al mismo tiempo en África! ¡Pero si en Gaza no puedes salir ni a la esquina sin que alguien te reviente la cabeza con una bomba hecha en casa! ¡Sólo mira la cantidad de perros quemados en Facebook, tú estás bien! ¡No seas tan malagradecida cuando hay gente que tiene que vivir en Naucalpan!” Y es verdad. Realmente soy muy afortunada, muchísimo más de lo que creo merecer. Pero el hecho de que en Tailandia vendan a niñas de once años para prostituirlas no significa que las cosas que me pasan me duelan menos.

Pero la vida sigue e inevitablemente llegan los días buenos. Los días en los que nada duele, en los que parece que alguien le echó tachas a tu agua. Días de absoluto amor y luz y felicidad. Y vale la pena cruzar por toda la mierda para poder tener esos días. Como bien dijo Cameron Crowe en Vanilla Sky “without the bitter, baby, the sweet ain’t as sweet”. Y la vida entera se basa en esta dualidad. Se necesita luz y también oscuridad. Por eso en Rusia se vuelven locos con las white nights. No puede ser de día todo el tiempo.

También existe un extraño placer en dejar que el caos te destruya. He aprendido a rendirme a él y dejar que me haga pedazos. Sé que cuando por fin me suelte voy a ser más fuerte que nunca, voy a ser mejor. Porque todo lo que duele pone. Y todo lo que duele enseña. He aprendido mucho. He aprendido a ser humilde y entender que el viaje no está en mis manos. No completamente. Hay que dejarse fluir a través de la mierda y del agua dulce, no hay que luchar contra la corriente.

Hoy no sabía de qué escribir y acabé escribiendo esto. Supongo que más para decírmelo a mí misma que a ustedes, queridos lectores. Y si algo de lo que escribo les sirve, tómenlo. Es suyo. No le tengan miedo a la oscuridad, es ahí dónde se esconden las mejores partes de uno mismo.

Fotografía: Eva Villaseñor