“La pequeña Sofi” por Ivonne Baqués @amikaafeliz #HelloDFicción

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La pequeña Sofi

Ivonne Baqués

Mientras llenaba el carrito del diminuto supermercado con cereal de frutitas, leche, jamón, queso, galletas de chocolate, dulces y chucherías diversas, Sofía sintió las miradas inquisitivas de dos jóvenes, delgadas y bien vestidas mujeres. Las miró de reojo y pudo notar que cuchicheaban, entonces dedujo que se preguntarían quién era ella y por qué no la habían visto antes. Las observó y entonces notó que una de ellas cargaba a un bebé. Sofía decidió presentarse  y con una amigable sonrisa las abordó. 

“Hola, soy Sofía Padilla. Mi familia y yo nos acabamos de mudar a la colonia”. La mujer del bebé contestó: “Mucho gusto, Francisca y mi hermana, Lucía”. Sofía saludó a las dos mujeres con un beso en la mejilla y luego Francisca agregó señalando al bebé: “Y ella es Regina”. Sofía hizo cariños en la cabecita de la bebé, mientras felicitaba a la mamá por tener una hija tan hermosa, luego, sus ojos se fijaron en los abultados senos de la mujer. “¿Estás amamantando verdad?” Sin reparar en lo incómoda que se sentía su nueva vecina con la pregunta, Sofía añadió que extrañaba la talla que habían alcanzado los suyos cuando amamantaba a su hija.

“¿Cuántos hijos tienes? -intervino Laura para desviar la conversación- “Sólo una, se llama Sofía igual que yo y tiene 8 años”.

En los cinco minutos que duró el encuentro, Sofía les contó que se había mudado a dos cuadras del supermercado,  que su marido seguía en Guadalajara, pero que a fin de año se mudaría con ellas. Cuando la mujer del bebé supo que Sofía y la niña estaban solas, le dijo que su marido era pediatra y le dio su tarjeta,  la otra mujer, casi no habló.

Al salir del supermercado, después de acomodar la despensa en la cajuela, Sofía se subió a su auto, sacó el teléfono de su bolsa y marcó un número. “Hola mi corazón ¿todo bien? Voy a pasar al centro comercial, ¿se te antoja una pizza? Acabo de conocer a unas tipas que me preguntaron por tí, les dije que eras la niña más bonita del mundo, nada que ver con ese  bebé obeso. Me recomendaron mucho la escuela que está atrás de la casa, pero ellas no entienden que no necesitas ir a la escuela porque eres muy inteligente y me tienes a mí. No tardo y no se te ocurra salir.”

Sofía recorrió todas las tiendas del centro comercial y en cada una dejó apartado un vestido para niña talla ocho. Cuando terminó su tour, fue a la zona de  comida rápida y ordenó una pizza grande de pepperoni con extra queso y una orden de papás. Mientras esperaba, se sentó en una de las mesas y volvió a marcar el mismo número. “Mi cielo, no sé si comprarte el vestido azul que le va perfecto a tus zapatos nuevos o el amarillo que resalta tus ojos cafés; mejor te compro los dos. ¿Te dije que la mujer del bebé se siente mucho porque sus pechos son más grandes que los míos? Ahhh y también me presumió que su marido es doctor, me regaló una tarjeta porque quiere que te enfermes y me criticó por darte tanta azúcar, ¿qué se creen? Seguro se burlarán de nosotras cuando se enteren que tu papá no se quiso casar conmigo, por eso no quiero que salgas, la gente es muy mala, ya llevo tu pizza, te amo”.

Sofía regresó a comprar el vestido azul, pero cuando quiso pagar con la tarjeta de la tienda departamental, ésta no pasó.

-Papá, me declinaron la tarjeta de Liverpool.

– Y también te van a declinar las otras, ya las cancelé. 

– Pero, ¿por qué?

-Te dije que ya no más ropa.

– No es para mí, es para tu nieta.

– Por eso…

Al llegar al edificio, el portero le ayudó a subir las bolsas con la despensa hasta su departamento.

– Don Félix, ¿cómo se portó mi hija?

– Supongo que bien, no la conozco.

– ¿Ósea que no vio a una niña de cabello largo y castaño salir de mi depa y correr por el edificio?

– No.

– Muy bien.

Al entrar al departamento, Sofía gritó: “Ya llegué mi cielo”.

Don Félix llevó las bolsas hasta la cocina esperando ver a la famosa niña de cabello largo y castaño o ya de perdida, escuchar una vocecilla que contestara, pero nada, sólo había cajas, muebles amontonados y silencio absoluto. 

– ¿Quiere que le ayude a desempacar?

– Gracias Don Félix, pero yo creo que pronto nos mudaremos de nuevo…

Sofía sacó un billete de veinte pesos y lo entregó al portero, éste se fue y ella se quedó en la cocina. Sacó dos platos y colocó una rebanada de pizza en cada uno, después, del refrigerador una botella de coca cola y, de una caja que estaba en el suelo, dos vasos y todo lo acomodó en una charola de metal.

Haciendo peripecias con la charola, abrió la puerta de una de las habitaciones con una llave que guardaba en la bolsa trasera de su pantalón. De todo el departamento, esa habitación era el único lugar que estaba en orden. Dejó la charola sobre un escritorio blanco con rosa y, sacando nuevamente las llaves de la bolsa de su pantalón, abrió el closet, de donde sacó una caja de madera con unas cenizas. Colocó la caja en la silla del escritorio y frente a ella puso uno de los platos y un vaso con refresco,  después se fue a sentar a la cama acompañada de su rebanada de pizza.  “Eres una buena niña, tendiste muy bien tu cama, no sabes que día tan pesado, tu abuelo nos canceló las tarjetas y no te pude comprar tu vestido, ha de querer que nos regresemos a vivir con ellos, pero no te preocupes, mañana me pongo a buscar trabajo. ¿Crees que soy más bonita que la mujer de los pechos grandes?, ¡lo dices porque soy tu mamá!, o no sé, tal vez le llame al pediatra, ha de ser guapo, la bebé tenía bonitos ojos…¿Te gustaría tener un papá? Voy por la papas ¿quieres catsup?

Ivonne Baqués

Conocimos a Ivonne Baqués en un taller de narrativa y la invitamos a participar en nuestra sección “DFicción”. Ivonne pertenece a la tribu de los Godínez de la Ciudad de México y se nota. Sus relatos destapan las obsesiones, deseos y frustraciones de quienes diariamente nacen y mueren dentro de los confines de una oficina.



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