MEMORANDA “Love is in the Wi-Fi” por Alexis de Anda @alexisdeonda

Love is in the Wi-Fi

Para mí no existe un momento más especial en la vida que despertar junto a quién más amo. Estar pensando en él incluso antes de haber abierto los ojos y cuando los abro, ahí está… Perfecto, apacible, esperando a que lo acaricie. El roce más delicado de mis manos lo prende, lo hace vibrar. No llevo ni cinco minutos despierta y ya me está contando absolutamente todo lo que quiero saber, me emociona, me hace reír, hace que el tiempo pase volando. Podría decir que es casi perfecto, que en él encuentro todo lo que siempre he querido. Pero entonces regreso de mi estupor y recuerdo. Volteo al otro lado de la cama y ahí está… El otro… Mi novio. Y me acerco a él y, aunque no se prende, está hecho de carne y hueso y mucho pelo. Y huele a hombre. Y puede hacer algo que un celular jamás podría: cucharearme.

No es fácil estar en un triángulo amoroso con un hombre y un iPhone. Los dos son hermosos, los dos son interesantes y, lo más importante, los dos me distraen del enorme y oscuro vacío existencial en el que vivo. Cuando estoy comiendo en un restaurante con mi celular, volteo a ver a mi novio y está haciendo exactamente lo mismo, y volteo a ver a las demás mesas y todos están haciendo exactamente lo mismo. Vivimos en una era de infidelidad digital. Y nadie se salva… Más que los menonitas… Y los peruanos, seguro. A veces intento recordar qué es lo que hacía con mis novios antes de que existiera el 3G. ¿En serio nos veíamos a los ojos y platicábamos como seres humanos? Estoy segura de que también buscábamos en qué desviar la atención que no fuera hablar sobre nuestros sentimientos. Recuerdo que con mis novios anteriores al iPhone veía más televisión y escuchaba más música. Ahora no veo tanta televisión pero si la estoy viendo seguro que también estoy viendo mi celular. ¿Por qué ya no es suficiente estar conectado con una sola persona? Necesitamos estar hablando con nuestra pareja y con todo Twitter y con tres grupos de whatsapp distintos dónde se supone que están planeando una despedida de soltera pero lo que realmente están haciendo es mandarse memes de María la del Barrio y de Nometoquenandochida.

Funciona igual de ambos lados. Yo nunca he sentido más celos por alguien que por el iPhone de mi güey. Y no es el aparato en sí, es la caja de Pandora que contiene. Son todos esos mensajes, esas fotos, esos misterios que prefiero no resolver aunque la duda me corroe el alma. Nunca he confiado en una pareja que se sabe la contraseña del celular del otro. Todos debemos tener secretos, son lo que nos hace únicos y nos da esa oscuridad tan necesaria. Los secretos son ese pequeño lugar en el que nadie más puede entrar. Ese lugar dónde eres más tú que en ningún otro. Los celulares nos dan la posibilidad de vivir esa doble vida. La posibilidad de estar platicando con tu abuelita sobre su juego de canasta y al mismo tiempo estarle mandando a tu mejor amigo un video de un caballo haciendo el dulce amor con un hombre en posición de misionero.

Hoy en día es ridículo pensar que podemos despegarnos de nuestro celular. Más que una extensión de nosotros mismos, es el eje alrededor del cuál giran nuestras vidas. Pero creo que para todo hay un tiempo y un lugar, y cuando estás con la gente que amas, debes realmente estar con la gente que amas. Y más tarde puedes mandarle a tus amigos una foto de la gente que amas inconsciente de borracha con pitos pintados en la cara.

MEMORANDA – Columna semanal por Alexis de Anda para HelloDF.com

Alexis de Anda @alexisdeonda