Sandor Márai, el escritor que lo devoró su tiempo @rafaborbolla

Sandor Márai. El escritor que lo devoró su tiempo.

Rafael Martínez de la Borbolla.    @rafaborbolla

“Uno siempre responde con su vida entera a las preguntas más importantes.” Sandor Márai.

Al final, diga lo que se diga, somos el resultado de nuestra suerte y de nuestros tiempos. Algunos nacen con buena estrella otros aunque les sobra talento, acaban por ser devorados por un tiempo que no era el de ellos. Quizá este es el caso de uno de los mejores escritores del Siglo XX; Sándor Marai (1900 – 1989), nacido en Kassa, Hungría, en ese entonces parte del Imperio de Austria-Hungría. El escritor no es un filósofo sistemático ni un predicador, es un artista que ha vivido ciertas experiencias básicas y las ha incluido en sus escritos, ya se llamen novela, cuento, ensayo o poesía; es un artista que modela ideas con palabras, pero esas palabras, como decía Miguel Ángel Asturias, “esas palabras pueden ser la voz del pueblo”. De ahí que a veces incomoden o inspiren temor.

Los libros son mucho más que objetos animados. Representan una forma de hablar y de comunicar, son un método infalible para dirigirse al mundo. Son fiel espejo de nuestro tiempo. Siempre que se da lectura a un libro, se dicen muchas cosas en voz baja, a veces en voz alta.

Sandor nació en una familia burguesa dentro del Imperio de los Habsburgo, como corresponde a las clase acomodadas nunca le falto nada, el Imperio de ese entonces tenía una gran desigualdad social y muchas minorías con todas las diferencias que se relacionan, sin embargo en términos generales convivían todos los pueblos armónicamente dentro del Imperio. Eso le daba un carácter cosmopolita difícil de encontrar en otra parte del mundo.

Su padre, era abogado de la ciudad húngara de Kaschau (hoy en Eslovaquia con el nombre de Kosice), y siendo un hombre preparado sabía de las ventajas de enviar a su hijo a estudiar en el extranjero. A los 23 años contrajo matrimonio con una mujer judía y de acaudalada familia burguesa, “Lola”, la que fuera el amor de su vida y con la que convivió hasta la muerte de ella, sesenta años después, Márai residió en Budapest y en varias ciudades alemanas, que fueron sus escuelas de vida y sabiduría. Allí pasó unos años de aprendizaje bohemio en la singular Republica de Weimar entre escritores y cafés de artistas, ganándose el sustento con la escritura de artículos periodísticos, crónicas, prosas breves y poemas. En esta época observo personalmente los inicios del Nazismo, sin imaginar pudiera triunfar, mudándose a París, en el inicio de la dictadura en Hungría de Horthy, enviando a su país algunas crónicas y artículos que lo hicieron conocido en su patria.

En los años treinta se estableció en Budapest y, obsesionado por el trabajo, comenzó a producir novela y teatro, de modo que en los cuarenta gozaba ya de gran fama en Europa. Su primera obra destacada fue escrita en 1930 y la llamo “Los Rebeldes”, en 1934 escribió lo que hoy se le considera una de sus mejores obras “Confesiones de un Burgués” basada en la cotidianidad de la vida de una manera en que solo los genios literarios lo pueden hacer, mezclando la ficción con su propia experiencia de juventud y de familia, por lo que es una novela en gran parte autobiográfica, en lo cotidiano encuentra lo sorprendente y en la sencillez de la vida una reflexión intensa y contante. En 1935 escribiría la novela que lo hizo saltar a la fama internacional “Divorcio en Buda”.

Hasta ahí todo viento en popa y se presagiaba tendría un gran porvenir y el reconocimiento mundial acorde a su talento. Pero la historia y sus tiempos le cambian todo. Cuando los nazis accedieron al poder en Alemania, el escritor húngaro fue uno de los primeros en oponerse abiertamente a Hitler con contundentes artículos. Al incorporarse Hungría a las fuerzas del eje en 1941, tenía dos opciones; continuar oponiéndose abiertamente a la Alemania Nazi y a la alianza con ella, lo cual lo llevaría sin duda a la muerte en un campo de concentración, o dedicarse a la literatura alejada de la política. Sin posibilidad de escapar, el Estado dictatorial Húngaro lo encamino a la segunda, asegurándole su seguridad siempre y cuando no interviniera en política y menos aún escribiera sobre ella, ya que debemos recordar era la pluma mas autorizada de esa nación y su posible detención se convertiría en propaganda negativa para el régimen. Por tal motivo entre los años de la guerra se convirtió en un prolifero escritor, habiendo consumado las que años después serían sus más reconocidas obras; “La mujer justa”, “La amante de Bolzano” y su obra sublime “El último Encuentro” además de “La Gaviota”, en aquella época recibía el reconocimiento de la sociedad para la que escribía, pero no así en el extranjero por el aislamiento que conlleva una guerra. Dentro de su genialidad el anonimato se colaba en su vida derivado de su tiempo y situación geográfica.

Pronosticó la derrota de las fuerzas del eje desde mediados de 1943, y observo con agobio como el ejercito soviético avanzaba sobre sus fronteras. Entendió que un régimen autoritario y asesino sería remplazado por otro similar. Después de la invasión alemana de Hungría en 1944, frente a tantas atrocidades perpetradas por los invasores secundados por fascistas húngaros, Márai escribió en su diario: “De hecho, los alemanes son magos. Han acertado a realizar el milagro de que cualquier ser humano decente espere honestamente y lleno de anhelo a los rusos, a los bolcheviques que llegan como libertadores”.

Cuando el ejercito rojo ocupo Hungría en la primavera de 1945, su obra desapareció de la memoria colectiva, pero debido a su fama pudo salvar su vida, sin embargo su estrella iba en declive, al nuevo gobierno comunista húngaro le incomodaba el escritor, se le prohibió la publicación de artículos y el nuevo régimen lo acuso de enemigo del pueblo y de escritor “decadente y burgués“, aquel europeo individualista y cosmopolita, de ideales humanistas, resistió a la tentación de doblegarse a la colectivización de la sociedad que aceptaban la mayoría de sus colegas, y en 1948 abandonó Hungría definitivamente para instalarse en Italia.

Inicio un peregrinaje, repleto de la nostalgia que lleva el exilio forzado para terminar instalándose en San Diego, California. Continuó escribiendo principalmente en periódicos, destacando de esta época su novela autobiográfica: ¡Tierra, Tierra!

La vejez y la pérdida paulatina de sus seres queridos minaron su espíritu hasta agotarlo por completo. Fue devorado por su tiempo. Cambió el régimen en su país y el escritor volvió a ser reconocido, recibiendo ofertas para regresar a la patria, pero ya era tarde. Abrumado por la decepción, la soledad, el abandono y la enfermedad se disparó un tiro en la cabeza. Poco después de su muerte caía en 1989 el muro de Berlín.

Sus novelas son densas, con largos monólogos finamente tejidos y totalmente reflexivos que nos cuestionan los fundamentos sobre la esencia misma de la vida, se mezclan con pensamientos brillantes, melancólicos y con un tono sentimental, logrando desarrollar duelos verbales y psicológicos, de múltiples connotaciones que a veces nos llevan a enfrentar el terror del vacío.

Su obra sin darnos cuenta nos va a atrapando, las palabras de sus personajes cautivan y seducen, enamoran y también nos hacen sufrir. Su singular estilo nos lleva a fundir la exaltación emocional con una profunda reflexión y análisis, llenan de una cierta nostalgia al lector, no hay grandes aventuras, todo se centra en el drama de la vida cotidiana del hombre, en su verdad y óptica de su entorno. A todos nos ha pasado algo sobre lo que estamos leyendo. Ese es su mayor logro; nos hace participes de la historia.

Por su época Sandor Márai no fue un escritor reconocido, tampoco fue un mártir político, simplemente cayo en el abandono de una época, la suya es una inspiradora fuente de sabiduría popular y cotidiana, nacida de la atenta observación de los sentimientos, conductas y relaciones humanas. Como dictaba su destino murió en la soledad y el abandono solo para ser reconocido, como acontece a varios grandes artistas, después de su muerte.