Milan Kundera por Rafael Martínez de la Borbolla @rafaborbolla

MILAN KUNDERA

Rafael Martínez de la Borbolla   @rafaborbolla

 

“Los amores son como los imperios: cuando desaparece la idea sobre la cual han sido construidos, perecen ellos también.” Milan Kundera.

 

Milan Kundera nació el 1 de abril de 1929, en Brno, Bohemia, Checoslovaquia. Hijo del musicólogo y rector de la Universidad local, Ludvik Kundera. Tras la Segunda Guerra Mundial trabajó como comerciante y músico de jazz, y posteriormente cursó estudios de musicología, cine y literatura y estética, en la Universidad Carolina de Praga. Luego de graduarse, en 1952, se desempeñó como profesor asistente y más tarde en la Facultad de Cine de la Academia de Praga de las Artes Escénicas dictó diversas conferencias sobre Literatura mundial.

 

En este periodo, el entonces académico publicó poemas, ensayos y obras de teatro, además se unió al equipo editorial de las revistas literarias “Literarni Noviny” y “Listy”. En 1948, Kundera se unió al Partido Comunista, pero dos años después fue expulsado debido a sus tendencias individualistas; a partir de ese entonces el joven escritor de 19 años trabajó como traductor y ensayista.

 

Tras la invasión soviética, el 21 de agosto de 1968, Kundera perdió su puesto como profesor y sus libros fueron prohibidos en las bibliotecas del país a lo largo de 1970, razón por la cual se trasladó a Francia, donde fungió como profesor visitante en la Universidad de Rennes.

La primera novela de Milan Kundera, La broma (1967), es la historia de cómo una ironía escrita en una postal cuyo sentido interpretado fuera de contexto “El optimismo es el opio del pueblo”, arruina la vida de su protagonista en la Checoslovaquia comunista. El gesto, pilar fundamental de esta novela, le cuesta caro. Tiene que pagar con la pérdida de su libertad su presumible acto antirevolucionario. El personaje es denunciado por la propia joven con la cual mantiene una relación afectiva. Ironicamente el escritor sufrió la persecución del Sistema Comunista tras la publicación de esta obra. Bajo la dictadura no hay posibilidad de interpretación.

Sus primeras obras van a estar muy condicionadas por elementos políticos, cuyo eje central es la crítica a los regímenes totalitarios y cómo se ven afectados los personajes de la novela por la política, desde la forma de plantearse aspectos elementales de la existencia, hasta la manera de vinculación interpersonal de las personas. Kundera se convirtió en un gran escritor y sus libros en el símbolo de la Primavera de Praga en aquellos mismos años, en ese mismo país absurdo que perdió la batalla del sentido del humor y en donde se cortaron todas las flores ante los tanques, mucho antes de que llegara la primavera.

En El libro De la risa y el olvido (1978), sigue siendo el drama del totalitarismo el escenario donde se mueven sus personajes: Mirek es un corrector de la historia igual que lo es el partido comunista, igual que todos los partidos políticos, que todas las naciones, que el hombre. La gente grita que quiere crear un futuro mejor, pero eso no es verdad. El futuro es un vacío indiferente que no le interesa a nadie, mientras que el pasado está lleno de vida y su rostro nos excita, nos irrita, nos ofende y por eso queremos destruirlo o retocarlo. Los hombres quieren ser dueños del futuro sólo para poder cambiar el pasado. Luchan por entrar al tunel del tiempo en el que se retocan las fotografías y se reescriben las biografías y la historia. Hay una edad en que a todos nos aprisiona el deseo de volver el tiempo atras.

El escritor es único cuando nos hace participar de esa humana condición en la que la mayoría puede reconocerse y que hace que sus libros, tan moralistas y a la vez tan inmorales, resulten inmediatamente próximos. Nos recuerda en su obra el lado obscuro, escondido pero siempre latente en el ser humano.

 

No ha recibido el Premio Nobel quizá porque a mediados de los 80’s fue acusado por la disidencia checa de haber sido informante cuando rondaba los 20 años de edad de la Policía Secreta Checoslovaca, acusación que ha sido rotundamente desmentida por el escritor, cierto o no, este episodio se convirtió en una pesada carga, tanto que se nacionalizó francés sin haber vuelto a pisar su país de origen.

 

En 2011 se convirtió en el duodécimo escritor que entra en vida en la colección que marca el canon de la literatura mundial, La Pleiade, la cuidada colección en papel biblia de Gallimard que reúne las joyas de la literatura universal.

En su obra magna La insoportable levedad del ser (1984), donde Kundera continuamente contrasta las percepciones de un personaje y otro, desde los paradigmas que cada uno tiene para leer, entender y sentir al mundo. Combina el erotismo y la seducción de Tomás con las vicisitudes que tiene que pasar. Se trata de un médico exitoso quien de nuevo, a raíz de una declaración política escrita, es despojado de su cargo y debe trabajar como limpiador de ventanas. El libro tiene una atmósfera filosófica que toma el tema del ser. Nietzsche es uno de los filósofos que componen la estructura de la obra. No es casual que sea precisamente Nietzsche, el filósofo de la contemporaneidad, el señalado por Kundera para desarrollar sus ideas: “La idea del eterno retorno es misteriosa y con ella Nietzsche dejó perplejos a los demás filósofos: ¡Pensar que alguna vez haya de repetirse todo tal como lo hemos vivido ya, y que incluso esa repetición haya de repetirse hasta el infinito! ¿Qué quiere decir ese mito demencial?”

Hay un giro importante en su obra, donde se conjuga lo filosófico, lo erótico, con mucho más peso que en sus trabajos anteriores, y lo político está entremezclado con todos estos elementos, adquiriendo quizá una relevancia similar; o al menos determinando los acontecimientos de los personajes, pero como marco histórico referencial. En este libro alcanza reflexiones tan profundas como: “Las preguntas verdaderamente serias son aquéllas que pueden ser formuladas hasta por un niño. Solo las preguntas más ingenuas son verdaderamente serias. Son preguntas que no tienen respuesta. Una pregunta que no tienen respuesta es una barrera que no puede atravesarse. Dicho de otro modo: precisamente las preguntas que no tienen respuesta son las que determinan las posibilidades del ser humano, son las que trazan las fronteras de la existencia del hombre.”

En La inmortalidad (1990) deja ver más detrás del escenario, se apunta a sí mismo como personaje, pero no como uno de esos a los que mueve a su antojo, sino como el personaje testigo, ese que los conoce a todos, quizá porque son su creación, y también como suerte de cronista de su existencia.

 

Su ultima novela publicada a finales de 2014 después de 15 años de silencio literario, La fiesta de la insignificancia, relata en uno de sus capítulos como Stalin cuenta una historia que puede ser, o no, un chiste, aunque descubrirlo no es sencillo: si por casualidad no es un chiste y es un delirio de dictador, puede costar la vida al que se ría a destiempo.

 

En su obra Milán Kundera nos demuestra que es cierto que casi siempre se encuentra algo, si se mira, pero no siempre es lo que uno busca.

 

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