“Mujer contra mujer” por Alexis de Anda @alexisdeonda

Yo soy de esas millones de mujeres que dicen “me llevo mejor con los hombres que con las mujeres”. No es nada nuevo ni original y, generalmente, las mujeres lo decimos con el único propósito de impresionar a los hombres. En mi caso es una verdad absoluta. No sólo tengo más amigos del sexo opuesto sino que tengo muchos mejores amigos. Cada día tengo uno nuevo y eso no significa que le quite la posición al anterior, sólo me gustan cosas distintas de cada persona y, debido a mi personalidad egoísta, lo quiero tener todo. Quiero hasta una escultura como la de Scarface que diga “The World Is Yours”. En serio. Aunque esté bien naca.

No puedo negar que hay varias características masculinas en mi personalidad, a pesar de poseer unas caderas hechas para parir varones sanos y fuertes. Incluído el hecho de que me dedico a una profesión que muchos piensan es únicamente para los hombres. Viendo hoy en día a mis amigos de la prepa, me doy cuenta de que mi agilidad mental y sentido del humor se lo debo en gran parte a ellos. Si no aprendías a chingar te chingaban. Entonces aprendí a chingar y ahora tengo una carrera gracias a ello.

A pesar de eso, toda la vida he tenido a mi grupo cercano de amigas: de la primaria, la prepa, la universidad y, las más importantes de todas, las de la vida. Las amigas de la vida son las mejores porque no las escoges debido a que tus circunstancias te limitan a tener que hacer un vínculo con las mujeres que trabajan en tu oficina o con las que bailas en el teibol (me gusta pensar que mi columna llega hasta los ojos de una que otra teibolera). Son las amigas que, como todos los grandes amigos, escoges y te escogen porque no podría ser de otra manera.

Mis mejores amigas son mi hermana y mi prima, porque sabemos demasiado las unas de las otras para no serlo. Y las otras tres son de la bella ciudad fronteriza de Mexicali, Baja California Norte. Yo no sé qué le ponen a la cerveza en Chicali o si es el calor o si realmente tuve la cabrona suerte de encontrar a las tres mujeres más chidas del mundo en la misma ciudad… Pero las encontré. Todas son groseras, todas son borrachas y al mismo tiempo no dejan de ser muy mujeres. (Un ejemplo de ello fue el babyshower del hijo de una de ellas en el que a las 2 de la tarde ya estábamos haciendo twerking encima de las mesas del restaurante.) Han habido momentos en los que estamos todas juntas y es como un sueño hecho realidad (o una versión femenina de The Hangover). Y hay momentos como este en el que todas estamos separadas y entonces tengo que salir al mundo y convivir con otras mujeres. Y es ahí dónde viene mi dilema de esta columna.

Más allá de mis mejores amigas he conocido a mujeres maravillosas. Mujeres fuertes, interesantes y trabajadoras que son hermosas por dentro y por fuera. Mujeres muy honestas con quiénes son y con un sentido del humor cabrón. Claro que existen y son muchas y es un verdadero placer convivir con ellas y llamarlas “amigas”. Pero cada día me queda más claro el por qué me llevo más con los hombres.

No sé si venga de la naturaleza, si sea un instinto animal… Algo como del león que tiene muchas leonas y entonces tengan que ser las más rifadas para procrear más… Pero las mujeres podemos ser unas perras desgraciadas. He notado a veces al integrarme a un grupo de mujeres que inmediatamente surge un instinto competitivo. No sé de dónde venga este mecanismo que, estoy segura, está basado únicamente en inseguridad. Pero es algo que a veces es tan notorio que parece ridículo. Los grupos de amigas que son MUY PERO MUY mujeres siempre tienden a estar buscando el conflicto. Lo cual me parece fascinante desde afuera pero no como para ser parte de ello. Se bajan a los novios, se critican a las espaldas, se la arman de pedo por cualquier cosa, se sientan a hablar de sus relaciones durante cuatro horas, ¡cuatro malditas horas! Sienten la necesidad de hacer a la otra sentirse insegura porque ellas se sienten inseguras consigo mismas. La película de Mean Girls no sería un éxito mundial si no fuera porque las chicas (y varios gays) se sienten identificadas con ella. Mean Girls es la vida real. Pero a mis veintisiete años me parece absurdo que chicas de treinta se manejen así todavía. Y creo que para muchas sigue pasando por el resto de sus vidas.

Últimamente he traído un rollo medio “I am woman hear me roar” y por lo tanto me parece importante intentar explicarme este tipo de situaciones. Así tal vez en algún momento pueda ayudar a mejorarlas. No creo que las relaciones entre amigas deban de basarse en competencia y envidia, sino en apoyo y amor. Sólo así pueden existir más mujeres fuertes y seguras de sí mismas que no se anden con mamadas. Como mis amigas de Mexicali. Tener amigas así te ahorra muchísimos conflictos contigo misma y te impulsa a querer aprender lo mejor de ellas. Tal vez es porque vivimos en un mundo misógino y los hombres nos han convencido de que tenemos que estar una contra la otra siempre. O tal vez cada quién debe hacerse responsable de su propia vida e intentar vivirla lo más felizmente posible. Regina George debería de ser sólo un personaje de ficción pero existen muchas en el mundo. Pero no es necesario aventarlas enfrente del camión de la escuela, eventualmente ellas lo harán por sí solas.