“Mujer soltera busca hombre guapo” por Ivonne Baqués @amikaafeliz #HelloDFicción #ShortStory

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Mujer soltera busca hombre guapo

Por Ivonne Baqués @amikaafeliz

“Los feos no deberían reproducirse.” Pensaba Fabiana mientras repasaba una a una las fotos de los hombres que buscan pareja en la aplicación de citas para solteros, la cual costó $700.00 el trimestre. “Tampoco los pendejos, pero para saber si lo son, tengo que escribirles primero…”

-Hola me llamo Fabiana, tengo 32, soltera y sin hijos, trabajo en un kínder ¿y tú?

-¡Hola preciosa! Soy Pedro, 40 años, tengo un hijo pero vive con su mamá en Mérida, manejo un uber.

“¡Ashh qué hueva! Ya tiene hijo, y con lo que ha de ganar, de seguro no le alcanza para tener otro. Lástima, está lindo…” Fabiana ya no contestó, mejor siguió buscando entre miles de fotografías. Hombres de distintas edades, tamaños, etnias y complexiones desfilaron ante sus ojos, hasta que otro llamó su atención.

-Hola me llamo Fabiana, tengo 32, soltera y sin hijos, trabajo en un kínder ¿y tú?

-Ola  komo estaz? Ya te an dicho que estaz bien zabrosa?

“Mejor le voy a escribir a puros hombres que salgan con camisa en las fotos, los músculos no garantizan buena ortografía, ni sentido común, pero al menos le parezco sabrosa…” Tampoco contestó. La campana anunciaba el fin del recreo, apagó la tablet y con mucha flojera avanzó hacía el patio donde en fila la esperaban sus alumnos. “¿Dónde está Paco?” Los niños al unísono soltaron una carcajada, y eso sólo significaba una cosa, seguramente se había hecho pipí en los pantalones otra vez y estaría llorando en el baño, ya que desde el divorcio de sus papás, el calzón mojado era una constante en la vida del niño.

-¿Paco otra vez? Ya te dije que no te aguantes tanto, que por eso no alcanzas a llegar al baño.

-Todos tienen razón, soy un cochino, por eso mi mamá se fue…

-Tú mamá se fue porque le ofrecieron trabajo al otro lado del país.

-¿Y por qué no me llevó?

-Seguramente primero quiere ver como le va por allá, ¿por qué no le preguntas cuando hables con ella en vez de hacerte tus historias?

-Miss Fabi, no me puedo aguantar…

-Antes sí podías, lo que pasa es que te distraes jugando, pero dile a tu papá que venga a hablar conmigo para que encontremos una solución, ¿te parece? –Paco asintió con la cabeza-

 después llegó el papá de Paco para hablar con la maestra. “¡Santa madre, qué hombre tan feo! Ahora entiendo porque la mamá de Paco se fue.”

-Señor Ramírez, le pedí que viniera porque la incontinencia de Paco ya es un problema, los demás niños no quieren jugar con él, y eso está afectando su autoestima, tanto, que el niño está seguro  de que su mamá no se lo llevó por ser un cochino.

-He hablado con él y hasta lo he castigado, pero cada vez está peor, antes era sólo por las noches, pero ahora es a todas horas y en todos lados…No me doy abasto, la oficina, las tareas, me la paso limpiando porque todo huele a orines y la niñera renunció, mi ex esposa no llama y tampoco contesta, me está castigando por haberle ganado la custodia y el perjudicado es su hijo. Esto ya me rebasó, ¡no sé que hacer!

-Por las tareas no se preocupe, que haga lo que pueda, ahorita es más importante que usted juegue con él y que se sienta querido. Le voy a mandar por mail los datos de un terapeuta infantil muy bueno que le recomendaron a mi prima. 

Agradecido se fue el papá de Paco.  Fabiana se quedó en el salón vacío, preguntándose si tener un hijo a toda costa era una buena idea, o si mejor abortaba la misión. Sin tener una respuesta clara prendió su Tablet, y con gran alegría leyó un mensaje que decía así: “Hola, mucho gusto. Me llamó Román, tengo 38, divorciado sin hijos, soy ingeniero químico,  gerente de producción en una farmacéutica, quisiera conocerte.”

Con el corazón latiendo a gran velocidad Fabiana contestó, y desde ese momento el chat no descansó, así como tampoco sus ojos, ya que se posaron sobre las fotos del desconocido una y otra vez. “¡Me gusta mucho!”

A la semana se citaron en un café. Seis de la tarde, Fabiana atravesó la puerta convertida en una auténtica fame fatal, cambió la batita de cuadros y los zapatos de piso, por un vestido entallado y zapatillas de aguja. En cuanto Román la vio llegar, se levantó de su mesa para ir a recibirla, y cuando estuvieron frente a frente, ella se dejó seducir por su sonrisa y el aroma varonil de su loción. 

“La vida no puede ser más perfecta”- pensaba Fabiana-, la conexión con ese hombre era innegable. Con asombro, descubrió que ambos solían recorrer el museo de antropología a modo de refugio en los días de crisis, y cuando Román recitó los primeros versos de Bertolt Brecht, Fabiana supo que su búsqueda había terminado.  “La piel, de no rozarla con otra piel se va agrietando…Los labios, de no rozarlos con otros labios se van secando…”

En medio de un debate sobre si el pastel de cajeta era lo mejor del lugar o si el de chocolate se llevaba dicho título, Fabiana se dirigió al baño, y cuando se estaba lavando las manos, entró una chica como de unos veinticinco años y se acercó a ella diciendo:

– Perdón que me meta en lo que no me importa, pero acabo de ver a tu acompañante sacar de tu cartera un billete de quinientos y guardarlo en la suya. Mi novio dice que no es mi asunto, pero yo digo que tenemos que cuidarnos entre nosotras por solidaridad femenina ¿no? A mí, sí me gustaría saber con que clase de tipo estoy saliendo…

Fabiana comenzó a llorar, la joven mujer la abrazó y le aconsejó que hiciera como si nada, y que por ningún motivo se subiera a su auto, si era capaz de robarle, podía atreverse a algo más. “No nos vamos a ir hasta que él se vaya, si te sientes en peligro, levantas la mano como si pidieras la cuenta, y entonces yo llego a tu mesa y hago como si te conociera”.

Las piernas de Fabiana temblaban cuando regresó a la mesa, pero se terminó su expresso y el pastel con aparente calma. La conversación siguió como si la estuviera pasando bien, mientras, en la mesa de enfrente la joven mujer le hacía saber con la mirada y algunos gestos que estaba al pendiente de ella. Cuando llegó la cuenta, Fabiana tomó su bolso y Román violentamente le tomó la mano, para después decir en tono galante: “¡¿Cómo crees?! yo te invité.” De su cartera sacó un billete de quinientos, el mesero le devolvió trescientos y él generosamente dejó cincuenta de propina, después dando un beso en la mejilla de la maestra, se despidió argumentando que tenía otro compromiso, pero que había sido un placer y que seguirían en contacto. 

En cuanto Román se fue, la joven de la mesa de enfrente y su novio se acercaron para acompañar a Fabiana por su coche. Cuando abrió su cartera para pagar el estacionamiento, descubrió que efectivamente el billete de quinientos había desaparecido. A penas arrancó, las lágrimas se deslizaron por la cara de Fabiana, al mismo tiempo que las nubes dejaban caer un diluvio por toda la ciudad. 

Al día siguiente, Fabiana llegó con la cara descompuesta al kínder, aun así, no pudo evitar dibujar una sonrisa al encontrar una caja de chocolates sobre su escritorio con una nota: “Gracias por el apoyo, ya llevamos ocho días con la ropa seca. ¿Quieres cenar conmigo?”. Paco observaba la reacción de su maestra discretamente desde su lugar, para después susurrar al oído de Rosita: “Miss Fabi tiene novio”.

En el receso, como de costumbre, Fabiana sacó la Tablet y abrió la aplicación de la citas y recordando las palabras de la chica de la cafetería – yo digo que tenemos que cuidarnos entre nosotras, – reportó a Román como un ladrón, después borró la aplicación y salió al patio donde encontró a Paco compartiendo su lunch con Rosita. 

-Paco, ¿te sabes el teléfono de tu papá?

 



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