“No es Netflix, eres tú” por Carlos González @carlosgvi

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Por Carlos González

¿Qué puede suceder cuando un guardaespaldas pasea tu perro, carga y cuida a tu bebé, te sigue a todos lados y te espera mientras terminas de comer? ¿Qué sucede cuando a todas horas estás rodeado de infinidad de personas que no conoces? ¿Qué sucede cuando se es de la élite? (que fea palabra). Invariablemente una respuesta sería que la personalidad y la forma de ver las cosas cambia absolutamente, pero lo peligroso del asunto es que la indiferencia se vuelve una enfermedad sobre “el resto”. 

¿El resto? En efecto, la expresión de verse en los ojos de los demás de una forma auténtica, suprema y atractiva no es meramente un asunto de estratos sociales, sino de consumo. La reflexión nace pues en la advertencia de que el consumo no es exclusivo del que más tiene sino de quien puede; por ende, estamos inmiscuidos en una sociedad de consumo, propiamente dicha de “bienes y servicios”. Todos somos parte de ello.

Dicho lo anterior, es más fácil reflexionar sobre la forma en cómo los medios de comunicación, el sector privado e incluso el propio sector público han ido adoptando los ideales del individuo a tal grado de moldearlos a cambio de la satisfacción de no sentirse parte del “resto”. Siendo más preciso, “el resto” entre comillas contextualiza un error en la percepción del hombre de sí mismo entre el mundo que lo rodea debido a que es visto como un cliente antes que como un ser racional. 

Hoy en día Netflix es una de las causas primeras del consumista promedio del 2018 y conocedor absoluto de las tendencias que el individuo busca alcanzar a como dé lugar. Su comercio es el entretenimiento; un contexto obeso que expone de forma irónica nuestras indiferencias, defectos, miedos, obsesiones y desde luego perversiones. Un negocio exitoso y redondo, debido quizá en gran parte a lo que Goethe definía como Schadenfreude (impulso dentro de los individuos para obtener auto evaluaciones precisas). Válido e interesante hasta cierto punto.

Sin embargo, darse cuenta de ello causa controversia y conflicto, así, sin darnos cuenta, el negocio se reditúa y las marcas comerciales siguen alterando el alter ego a su beneficio. Vaya, “el efecto Netflix” ya se había tardado en explotar.

La controversia creció aún más con el anuncio de “Made in Mexico”, un reality show que expone “la vida llena de lujos y aparente perfección de 9 participantes, quienes lucharán por mantenerse en este selecto grupo social, donde el apellido de abolengo es el pase de entrada” (así lo reseñan). Todo mal, pero nada nuevo. Este tipo de contenidos han existido desde que la música casi desaparece de MTV, desde que la “rosa de guadalupe” resultó ser un programa exitoso y desde que YouTube se volvió un medio de inversión para adolescentes sin estudios de por medio, por ejemplo. El consumo cambió el contenido del entretenimiento desde hace ya varios años.



¿Entonces por qué siguen creando proyectos así?, ¿por qué nos causa indignación cuando nuestra realidad es así? Netflix no descubrió el hilo negro del entretenimiento, pero si lo evolucionó. Las telenovelas, por ejemplo, siempre fueron exitosas y marcaron una época de la que incluso se le llegó a denominar era dorada de la familia. Cierto, nuestros padres no dudarán en afirmar que el ver una telenovela en la noche implicaba un momento de unión en familia. ¿Qué decir de los artistas musicales que destacaron gracias a la televisión y que hoy son parte de nuestro folclore? y por último, ¿qué decir de las series de tan gran narrativa que produjo Canal Once y Canal 28?, ¿se acuerdan?

Viéndolo de esta forma es que el proceso creativo, por llamarlo de alguna forma, cambia de acuerdo a las tendencias del hombre actual, cada vez más crítico y extrovertido pero aún lejos de querer “ensuciarse las manos”. Aún adolece un fuerte índice de personas que no leen al año; los espacios dedicados al teatro están siendo cerrados o sufren de poco presupuesto; el color de piel sigue siendo una condición en el espectáculo, las revistas y la vida diaria; los centros comerciales violan cada vez más los códigos del espacio público; y si, la educación es cada vez más un lujo, un gasto fuerte. 

Estas “pequeñas desgracias”, como las denominó Goethe, son de las que nadie se cree parte pero las razona en el otro. En ese ejercicio es que por desgracia no se aprende de los errores sino de lo que vemos, creemos o pensamos del otro. Por eso el chisme, el entretenimiento, las modas, los realitys, las series, los memes y el sexting, por ejemplo, son un reflejo de lo que hoy somos como sociedad. Hoy Netflix es un éxito porque nos refleja y nos identifica. Es hasta una cuestión psicológica. 

No es Netflix, eres tú. 

 



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