“No es soberbia, es amor” por Alexis de Anda @alexisdeonda

“No es soberbia, es amor” por Alexis de Anda @alexisdeonda

Si has vivido lo suficiente sabes lo que se siente que te rompan el corazón. Conoces ese dolor que no se parece a ningún otro. Ese dolor que queda perfectamente retratado en la escena de Los Simpsons dónde una niña le mete el puño a Bart en el pecho y le arranca el corazón, lo avienta contra la pared y este se desliza lentamente hasta caer en un basurero. Eso es exactamente lo que se siente. Lo sé. Lo acabo de vivir hace un par de días por primera vez en mi vida.

Si has vivido lo suficiente también sabes lo que es romper un corazón. También has sido ese puño adentro del pecho de alguien. Si has vivido lo suficiente has sido víctima y verdugo. Ahora que he estado de los dos lados de la moneda creo que tengo derecho a opinar sobre el tema. Además esta es mi columna y voy a opinar de lo que se me de la gana.

He tenido un par de relaciones importantes en mi vida y siempre he sido la que se va. Siempre. Me gustaría decir que era joven y tonta pero eso sería una excusa barata. Ninguna mujer tonta se va. Las mujeres tontas se quedan hasta que las dejan. “Tontas” o “enamoradas”… Es lo mismo. Supongo que eran amores jóvenes y, por la misma razón, ingenuos y sencillos. Mis primeros amores estaban basados en mentirles a nuestros papás para poder dormir juntos de vez en cuando, pasar toda la tarde viendo películas y salir a emborracharnos de repente sin pensar mucho en el futuro o el por qué de la relación. Eran buenos tiempos y tuve muy buenos novios. He sido muy afortunada en ese sentido. He tenido buenos hombres que me han amado muchísimo. Más de lo que yo los he amado a ellos. Y es por eso que ha sido tan fácil dejarlos. Y dejarlos como Richard Parker dejó a Pi, sin siquiera voltear atrás. Sé lo que es dejar un corazón hecho pedazos y acepto que nunca sentí mucha culpa al respecto. Simplemente se acabó. ¿Qué? El amor o el interés. O llegó ese horrible momento en el que te das cuenta de que el otro te necesita más de lo que tú a él. Y con toda esa frialdad y esa crueldad de verdugo, he dejado caer la guillotina más de una vez. Y pensé que mi vida sería así para siempre; llena de hombres a los que podría manipular fácilmente para nunca salir lastimada. Pero la vida siempre tiene otros planes. Y entonces la vida me lo puso enfrente.

No quisiera recapitular en una relación a la que le he dado millones de vueltas en mi cabeza y de la cuál ya han leído aquí antes (pero no sé de qué otra manera seguir escribiendo esto). La relación más intensa y más especial que he tenido. De eso no me queda duda. Me encontré con un loco y un genio, porque no se puede ser una cosa sin la otra. Un hombre hermoso, lleno de talento y de tristeza. Un hombre capaz de crear belleza de lo más oscuro. Un poeta que durante años me demostró su adoración una canción tras otra, cada una siempre más hermosa que la anterior. Me encontré con todo lo que siempre quise. Y a pesar de eso, nunca me pareció suficiente. Porque era joven y tonta. Y eso pasa cuando eres joven y tonto, no puedes apreciar la verdadera naturaleza del amor. Intenté dominarlo siempre. Comprobarle a él y a todos que yo era mejor, que yo era más fuerte. ¿Para qué? Para convencerme a mí misma de que él nunca me iba a lastimar. “Yo soy la que se va. Yo siempre soy la que se va.” Y me fui. Y tenía que irme para poder perderme más en mí misma. Porque para encontrarse primero hay que perderse. Pero la vida siempre tiene otros planes.

Y entonces regresé. Y él regresó también… Como un perro al que su dueño ha pateado demasiadas veces, herido pero feliz. Aún así, seguíamos siendo demasiado jóvenes y tontos. Y todo ese amor que sentíamos era igual de grande que la confusión. Y el ego, ese grandísimo hijo de puta, siguió trabajando como un cupido culero que te arranca las flechas y te deja sangrando. Y entonces fue él quien se fue. Se fue para poder perderse, como yo lo había hecho. Se fue para poder convertirse en el hombre que siempre ha estado destinado a ser.

“¡Pero yo soy la que se va!”, quise decirme a mí misma durante semanas mientras aullaba de dolor en el piso. “¡Yo soy la que se va!”, me lo repetí una y otra vez hasta que pude callar mi puta cabeza lo suficiente para entender que ya se había ido. Esta vez era real. Ya no estaba. Y entonces sufrí y lloré y me aferré con lo poco que podía para intentar hacerlo regresar. Pero esas cosas no se pueden forzar nunca. Y entonces sentí ese tremendo vacío de haber perdido a lo que más amaba en el mundo. Y es triste pensar que tuve que llegar hasta ahí para darme cuenta de que él era lo que yo siempre había amado más en el mundo.

Y estuve ahí suspendida durante meses, en ese vacío oscuro. Pero es en esa oscuridad dónde también nace la creatividad. Y es gracias a este momento de oscuridad que ahora soy una mejor artista y una mejor persona. En ese vacío el ego se empieza a encoger y ya no puede taparte los ojos como antes. En esa oscuridad puedes verte más claramente que nunca. Y le agradezco a la vida por haberme metido a ese hoyo. Ahora entiendo tanto. Ya no soy tan joven ni tan tonta. Y no podrían pagarme lo suficiente para querer volver a serlo.

No me arrepiento de nada de lo que he vivido porque me ha enseñado todo lo que ahora sé. Sé que no es la última vez que voy a lastimar a alguien ni a ser lastimada. Finalmente, la vida siempre tiene otros planes. Pero ahora sé que cada ser humano que busque compartir su luz y su camino contigo merece ser apreciado y amado de la misma forma. No importa si es una pareja, un amigo, tu primo o alguien que te sonrió en la calle. Cada acto de bondad debería de ser correspondido. Tal vez así habría más gente buena en el mundo. Y si algo le hace falta a este mundo es eso… Bondad.

A pesar de las heridas y de la oscuridad, no tengo más que amor para mi más grande maestro. Gracias por haberme enseñado tanto. Gracias por haberme amado tanto. Tú y yo nos hemos hecho quiénes somos ahora.  Y aunque nuestros caminos ya no se crucen… Vamos a ser eternos.

Sean buenos. Sean humildes. Amen con locura o no amen para nada. Gracias infinitas por leerme una vez más.

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