“Tantas Pendejadas” Por Alexis de Anda @alexisdeonda #México

A veces tenemos la cabeza en tantas pendejadas que se nos olvida qué es lo que realmente importa. ¿Qué es lo que realmente importa? Creo que todos los seres humanos lo sabemos muy en el fondo de nuestro ser. Se llama intuición, está grabado en nuestro ADN. Es sólo que la vida se ha ido complicando tanto con el paso del tiempo, o más bien nos la hemos complicado tanto, que se nos olvida cuál es el valor de todo. Conforme vamos creciendo empezamos a perseguir ambiciones de muchos tipos: profesionales, económicas, amorosas, el reconocimiento de los demás, “el éxito”, un iPhone nuevo, muchos seguidores en Twitter, un coche cabrón, un cuerpo perfecto… Y se nos olvida. Nos distraemos de lo que realmente estamos haciendo aquí. Porque todo el tiempo lo estamos pensando aunque no queramos pero jamás nos lo preguntamos realmente: ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Cuál es el punto? ¿Qué es lo que realmente importa?

Los momentos de crisis, de verdadera crisis, son los que nos hacen recordar todo esto. Todo esto que ya sabemos pero que se nos olvida. Nos distraemos por estar pensando en tantas pendejadas. Nos olvidamos por estar viendo qué está haciendo el resto del mundo en Facebook en vez de pensar en nuestras propias vidas y en cómo las estamos llevando. Yo acabo de pasar por un momento de verdadera crisis y me acordé de lo que realmente importa.

Ahora que lo escribo parece como una pesadilla, como algo que no pasó realmente. Pero pasó y, aunque hubiera preferido un millón de veces que nunca hubiera pasado, agradezco que me haya hecho recordar. Yo acababa de regresar de Japón y estaba feliz de que iba a ir a una fiesta y que iba a ver a muchos amigos que extrañaba y que otra vez iba a ser el centro de atención como tanto me gusta. Lo más importante es que iba a ver a mis mejores amigos en el mundo entero, a los que más quiero y a los que más extrañaba. Fuimos a la fiesta, todo era risas y diversión. Bailamos y bailamos y reímos y reímos hasta que ya no nos daba el cuerpo. Uno de mis mejores amigos se sentía mal de la panza. Se sentía mal de la panza y acabó en el hospital. Acabó en el hospital y lo internaron. Lo internaron y pasaron los días… Uno, dos, tres días… No sabían que es lo que estaba mal.  Y de pronto, así como así, le dicen “tienes cáncer de estómago”. Y entonces recordé, todos recordamos qué es lo que realmente importa.

“Mi amigo tiene cáncer. Mi amigo está enfermo, muy enfermo. Mi amigo va a sufrir y a sentir dolor. Va a consumirse como se consumió mi abuelita cuando le dio cáncer. El cáncer, otra vez el puto cáncer arruinándolo todo. Mi amigo va a necesitar quimioterapia, va a perder el pelo, va a enflacar. De por sí ya es flaco. Mi amigo es una de las personas más buenas que existen en el Universo entero y no se merece esto. Mi amigo no se merece sufrir. Mi amigo se puede morir. Mi amigo se está muriendo. Mi amigo tiene cáncer.”

Todo esto y millones de pensamientos más pasaron por mi cabeza en un segundo cuando me dijeron “Tiene cáncer”. Cada idea nueva más dolorosa que la anterior, cortando como navajas. Lloré durante toda la noche porque no podía creer la injusticia de la vida. Tanta gente mierda allá afuera viviendo y caminando sanos como potros y mi amigo, el mejor ser humano del Universo, recién diagnosticado con cáncer de estómago. Lloré y lloré y lloré… Y luego me acordé. ¿Qué es lo que realmente importa? El amor.  Fui al hospital todos los días con el único propósito de llenarlo de amor y de felicidad. Intenté brillar como nunca. Brillar con toda la fuerza posible sólo para alumbrarlo a él. Les repito que estamos hablando de la mejor persona del Universo así que jamás lo vi triste o asustado. Siempre feliz, siempre tranquilo, siempre con el sentido del humor intacto. Y lo llené de amor, yo y todos los que lo amamos que somos muchos. Fueron días en los que nada importaba realmente más que el amor, ese que es el más verdadero de todos, el que cura. Pasaron cuatro días en los que el pronóstico cada vez era peor. Pero él siempre tranquilo, diciendo: “No estoy asustado. Más bien estoy viendo que onda conmigo que mi cuerpo haya hecho esto.” Sólo el mejor ser humano del Universo puede decir algo así. Una noche antes de que lo operaran, pensaban quitarle la mitad del estómago y “de ahí ver qué seguía”, llegó el doctor. Llegó con los últimos estudios después de haberle hecho veintisiete biopsias y le dijo “Estoy cien por ciento seguro de que no tienes cáncer”. La pesadilla terminó. Se acabó. Él está bien y todo en el mundo es perfecto otra vez.

Nunca he presenciado un milagro, así que no podría saber cómo suceden. No sé si la ciencia médica puede errar tan gravemente. Supongo que sí. Al final todos somos humanos. Pero muy en el fondo de mi corazón estoy convencida de que el amor lo cura todo. El amor puede curar a una persona herida… A un país herido. Y eso es lo que realmente importa desde siempre y para siempre. El amor nos salvará. Si todos empezamos a pensar con amor hacia nosotros mismos y hacia los demás, el cáncer de nuestro país también puede desaparecer. Y eso es lo que realmente importa.

 

 

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