“Tribu” por Alexis de Anda @alexisdeonda #Mexico #HelloDF

Arte por: Marco Rountree

El 2014 fue uno de los años más intensos de mi vida. Pasó de todo: estuve desempleada, tuve mucho trabajo y luego estuve desempleada otra vez, me enamoré tres veces del mismo hombre y me rompió el corazón por cuarta y última vez, viajé al otro lado del mundo y entendí la fuerza que poseé la soledad, reí y lloré e intenté hacer reír a toda la gente que pude a través de mi tristeza. Aprendí. Aprendí muchísimo. Y finalmente entendí que eso es la vida: nunca dejar de aprender, nunca estancarse ni aburrirse. En el 2014 fui feliz, feliz dentro de mi tristeza y de mi confusión. Fui feliz y agradezco a todos los que, en este año, compartieron su felicidad conmigo.

Lo mejor de este año son todas esas personas. Este fue el año de la amistad. Hice muchísimos amigos nuevos y reconecté con otros que ya estaban ahí, que siempre han estado ahí. Por un momento creí que si todo mi amor no estaba depositado en una sola persona entonces se estaba desperdiciando. Y cuando esa persona no quiso el amor que tenía para darle entonces no supe qué hacer. Paul Thomas Anderson lo describe en Magnolia con una frase: “I have so much love to give I just don’t know where to put it”. Tanto, tantísimo amor que a veces no sabía qué hacer con él y entonces el mundo se me venía encima. Pero ahí están todas estas hermosas personas, llenas de luz y con los brazos abiertos, listos para recibir ese regalo y darlo de vuelta. Este año conocí a personas increíbles, talentosas, interesantes, llenas de vida… Personas que hacen de su vida una película, una obra de arte. Y usé todo ese amor que tenía guardado para dárselo a todos los que quisieran recibirlo. Y mi vida se ha vuelto una obra de arte otra vez. Y de nuevo puedo sonreír desde adentro y sentir que todo tiene un sentido porque el amor es el mismo, sólo toma formas distintas.

Los amigos que me regaló el 2014 me han regresado la alegría de vivir. Y eso es lo más importante que uno puede poseer. A veces las relaciones no funcionan, la familia nos ama pero no siempre nos entiende, el trabajo viene y va, el dinero viene y va, lo material se pierde o se olvida, pero los amigos están siempre. Siempre. Aunque no los veas y a veces ni te acuerdes de ellos. Ellos siempre regresan a ti. Uno debe tener su tribu. Uno debe proteger a su tribu. Yo agradezco de tener a la mía y que cada día sea más grande. Agradezco que en este año tan intenso hayan estado ahí para sostenerme cuando estaba a punto de caer. Agradezco que me hayan dado tanto de todo: trabajo, viajes, fiestas, proyectos e inspiración constante. Pero lo que más agradezco es que hayan tenido un espacio para todo ese amor que no sabía dónde poner. Gracias, tribu. Los amo.